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Las Escapadas del Profe UrregoLas Escapadas del Profe Urrego

El fallecimiento el lunes anterior del más prestigioso de los técnicos del ciclismo italiano y uno de los referentes mundiales de este deporte, ha puesto de luto un país deportivo como Italia, donde el ciclismo es religión y deja un enorme vacío a nivel internacional pues se trató de uno de los auténticos maestros de esta disciplina.

No es osado decir que de sus 93 años, Alfredo dedicó por lo menos 80 a la bicicleta, comenzando por ser ciclista y luego, siguió viviendo subyugado por la difícil labor de enseñar , orientar y dirigir ciclistas hasta llegar a ser por más de 20 años, el Seleccionador Nacional Italiano, uno de los cargos más importantes en el deportivismo de ese país por la connotación que cada año tiene la conformación de la “Nazionale” con los mejores ciclistas del país para enfrentar en un solo día, el Campeonato Mundial de Ruta.

Martini se convirtió en todo este tiempo, en el eje sobre el cual giraba todo lo correspondiente al equipo nacional. Vivió los 365 días de cada año solamente siguiendo, aconsejando, analizando, escuchando, ya en carreras o fuera de ellas;  en invierno, verano, primavera u otoño; en su propio hogar en Florencia o en casa de sus ciclistas; en la redacción de un periódico o en el estudio de radio o TV  siempre que fue convocado.

Moser, Saronni, Argentin, Fondriest, Bugno, Bettini y tantos otros campeones más, llevaron la  codiciada Camiseta Arco Iris a Italia bajo la dirección de Martini y también tantos otros mordieron el polvo de la derrota como una ley propia de la vida y del ciclismo. Cuando se retiró voluntariamente de su cargo, sucedido por el infortunado Franco Ballerini quien perdió la vida en un accidente automovilístico y luego por “su” campeón olímpico y mundial Paolo Bettini -ahora reemplazado por un ex ciclista también de Martini, Davide Cassani- , el maestro Alfredo siguió siendo consejero y consultor permanente de quienes lo requirieran- ciclistas, técnicos, dirigentes, periodistas-,  porque en realidad para él no había secreto alguno en cosas tan sencillas, elementales y prácticas como seleccionar y dirigir seres humanos que en cada momento fueron los mejores  ciclistas de su país para vestir orgullosamente la camiseta de la “Squadra Azurra”, centro de atracción de todo Campeonato Mundial.

Estuvo en Colombia en 1994 para conocer el recorrido del mundial de ruta de Duitama y fui su compañero de viaje lo que orgullosamente me permitió posteriormente seguir contando con su amistad y reconocimiento. Luego volvió con su selección nacional en 1995 y se consoló con la medalla de bronce que obtuvo uno de sus pupilos preferidos, el ya fallecido Marco Pantaní en un mundial inolvidable.

Desde entonces supe lo que ya en Italia sabían y lloran hoy: se trataba de un ser excepcional, con la visión y la capacidad suficientes para saber de ciclismo pero más que todo eso, con la condición espiritual y la sabiduría necesarias para manejar hombres con toda clase de intereses personales, comerciales, deportivos y amalgamar personalidades,  sentimientos y tendencias para ponerlas al servicio de una maquinaria que siempre ha tenido como objetivo el campeonato Mundial de ruta, certamen que ejerce una extraña fascinación y atracción en el mundo del ciclismo pero especialmente en Italia.

Siguiendo la ley inexorable de la naturaleza, ha terminado la existencia de un hombre bueno, ciclista notable, forjador de campeones, gigante de la Dirección Técnica y en definitiva, un personaje de leyenda que será recordado siempre por quienes de muchas formas tuvimos la oportunidad de conocerlo.

Paz en la tumba de Alfredo Martini.


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